miércoles, diciembre 19, 2007

Un Dios para la Navidad


Les copio textuales unas líneas de la Tregua de Benedetti y mis mejores deseos para estas fiestas:

«Son raras las veces que pienso en Dios. Sin embargo tengo un fondo religioso, un ansia de religión. Quisiera convencerme de que efectivamente poseo una definición de Dios, un concepto de Dios. Pero no poseo nada semejante. Son raras las veces en que pienso en Dios, sencillamente porque el problema me excede tan sobrada y soberanamente, que llega a provocarme una especie de pánico, una desbandada general de mi lucidez y de mis razones. “Dios es la Totalidad”, dice a menudo Avellaneda. “Dios es la Esencia de todo”, dice Aníbal, “lo que mantiene todo en equilibrio, en armonía, Dios es la Gran Coherencia”. Soy capaz de entender una y otra definición, pero ni una ni otra son mi definición. Es probable que ellos estén en lo cierto, pero no es ése el Dios que yo necesito. Yo necesito un Dios con quien dialogar, un Dios en quien pueda buscar amparo, un Dios que me responda cunado lo interrogo, cuando lo ametrallo con mis dudas. Si Dios es la Totalidad, la Gran Coherencia, si Dios es sólo la energía que mantiene vivo el Universo, si es algo tan inconmensurablemente infinito, ¿qué puede importale de mí, un átomo malamente encaramado a un insignificante piojo de su Reino? No me importa ser un átomo del último piojo de su Reino, pero me importa que Dios esté a mi alcance, me importa asirlo, no con mis manos, claro, ni siquiera con mi razonamiento. Me importa asirlo con mi corazón.”»

domingo, diciembre 16, 2007

Vayan

viernes, noviembre 30, 2007

Divagaciones sobre el Limbo

Hace ya varios días, quizá semanas, tal vez meses, que mi conciencia ha permanecido contemplado la terrible posibilidad de incurrir en una existencia humana fincada en una especie de limbo. Hoy quiero tomarme la tarea de bosquejar lo que es imbuirse en un estado tal. Para explicarlo me referiré a la imagen mítica del Limbo tratada en el cristianismo.

Las primeras referencias a este hipotético lugar se encuentran en los Padres de la Iglesia; se trasluce en San Agustín, en el marco de su oposición contra los pelagianos. Más adelante es San Alberto Magno quien habla explícitamente de él.

El limbo es aquel lugar donde las personas inocentes, lo niños, que no obtuvieron el bautismo de Cristo, y permanecen en el pecado original, van a dar al morir. En el limbo permanecen sin sufrimiento, empero privados de la visión beatífica; del lumen gloriae que les permita introducirse de manera clara, y sin velos, a la inagotable, radiante e incontenible realidad divina.

El limbo como hipótesis es abominable; me es difícil comprender que el cristianismo haya podido postular tal estado. Si la gloria de Dios es la fuente única, verdaderamente reconfortante para el hombre cristiano, el limbo es el mismo infierno, pues es un lugar donde se priva al ser humano de lo que sería su felicidad. Sin embargo, no es este momento para discutir la coherencia del lugar si no más bien de aprovechar la terrible imagen que resulta el encontrarse en un limbo.

El limbo, por lo que hemos dicho, parece ser un lugar sin sufrimiento, empero, decíamos, es el mismo infierno, pues es la ocurrencia de las cosas sin la posibilidad de sentido y progreso. En el limbo las cosas ocurren, y ocurren tan tediosamente, como los aires que soplan constantes y sin una aparente dirección a través de las amplias y extendidas arenas del Sahara; como las brisas silenciosas y gélidas de los glaciares del antártico. El limbo es el cielo estoico donde la ataraxia y la aponía se expresan como la condición natural de la vivencia diaria. No existe el dolor físico, no hay falta de elementos necesarios para la supervivencia, pero en medio de esa afección equilibrada y pausada yace la corrosiva, desgastante y constante conciencia de la inmovilidad, de la falta de directriz que llene de vida e ilusión el existir. La finalidad está ausente. Todo sucede sin más problema y sin ruptura de armonía. Sin embargo la asfixia de no tener hacia donde caminar y la conciencia de ver la propia historia imbuida en una eternidad de estabilidad errante, seca profundamente el ánimo. El limbo resulta un encallamiento en el presente.

Para caracterizar de mejor manera ese estado del limbo, viene a mi mente Borges. No sé por qué sus textos siempre me hacen sentir ese abominable limbo. Esto no es de ninguna manera una crítica a su espléndida pluma, sino una aproximación estética —en el sentido más puro de la palabra aisthesis— a mi sentir sobre el limbo. Ese limbo en el que Borges me suele situar, está bien caracterizado en El Aleph. Este texto comienza con una abrumadora e inquietante cita, para mí, del Leviatán de Hobbes, que transcribo para que ustedes de tal manera que puedan recordarla:

But they will teach us that Eternity is the Standing still of the Present Time,
a Nunc-stans (as the Schools call it); which neither they, nor any else un-
derstand, no more than they would a Hic-stans for a infinite greatnesse of Place.
Leviathan, IV, 46


Standing Still of the Present; estás palabras me provocan un hastío profundo, la permanencia del Presente. El Limbo es ese enclavamiento del presente. No presente en el sentido más rígidamente temporal, pues es claro que la inmersión de un ser conciente en el tiempo, no nos permite permanecer ni un instante en el presente; sino más bien un presente vinculado al no poder conseguir una situación ulterior distinta. El eterno presente del estado límbico, nos habla de la falta de evolución a una situación mejor.

Deshauciante es permanecer en ese estado. El hombre por esencia es un ser del futuro desde que es libre. A diferencia del mundo que se desarrolla en un inextingible presente, pues su forma y esencia lo han predeterminado de una manera y la vigencia del mismo permanece desde que comienza su persistir, el hombre por la posibilidad y libertad es un ser orientado al futuro, a la proyección continua. Mientras que el universo, hablando en un sentido amplio, se contiene totalmente, el ser humano es incontenible, la libertad lo dirige a un estado distinto.

Es pues para el hombre una aguda condena instalarse en un limbo, instalarse en el presente. Las instalación en el presente es la ausencia del además que le proporciona su libertad, es subsumirse al universo y ordenarse al finis formae del universo. Es permitir que esa “lavadora que no distingue tejidos” envuelva nuestra condición ex–tática y la convierta, por contrario, en en-tática.

Curiosamente y continuando con el razonamiento, esa instalación en el presente nos habla del pasado, pues el pasado se presencializa (se hace presente) con la forma esencial del universo; el fundamento que promueve la persistencia del ser del universo, y que lo conserva, aún en su vigencia actual, es un fundamento establecido en el pasado. De ahí que hace algún momento hayamos caracterizado al universo como contenido en sí mismo, pues no es ulterior, no se trasciende (en–tático no ex–tático)

Con esta observación, y agradezco a SS quien me ayudó a vislumbrarlo, podemos notar que la presencia (el presente) es una cosa relativa, pues es más bien una cuestión de un fundamento ya dado y cuya vigencia es mantenida. El limbo al ser un estado que hemos venido caracterizando como imposible de una mejora, de una posición ulterior, es pues un secuestro en el pasado.

El estado del limbo es por tanto asfixiante para el ser humano. El encallamiento, como ya lo caracterizamos, en un eterno presente y, se me ocurre ahora, por mirar la continencia en la que nos enclava el pasado, también como un eterno retorno “en” lo mismo.

El limbo, y ese fue el sentido de querer acudir a esta metáfora cristiana para extrapolarla, es la imposibilidad de un estado ulterior.

Vivencialmente y hacia este lugar es donde he querido también dirigir mi reflexión, el limbo se manifiesta en la cotidianidad del hombre. Es quizá un estado, en algún sentido, en el que todos nos hemos sumergido.

El limbo en la vida se puede notar en el establecimiento de una moribunda costumbre de vida. También se podría caracterizar como la falta de vislumbre y el ocultamiento inconciente de la incertidumbre de un no saber qué se quiere. El mundo sucede pero la falta de orientación hacia el futuro genera en el ser humano un permanecer en lo que se ha sido: el estancamiento en una situación, en un paradigma de vida emocional e intelecutal, en un modus vivendi muerto. Es la vuelta al universo. Es dejar a un lado nuestro carácter de además y fincarse en la dinámica del persistir del universo. La pregunta por el quién se sustituye por el qué. El para qué se derruye y la verdad antropológica relacionada al otorgamiento de sentido a mi existencia se instala de manera forzada en la verdad y dinamismo del universo.

jueves, noviembre 15, 2007

domingo, noviembre 04, 2007

domingo, octubre 21, 2007

Ayer tuve un sueño, más bien dos

Tengo que reconocer que aunque el día de ayer me dormí rápidamente, ha sido una de esas noches indeseables para cualquier ser humano. Esta noche, de la que hablo, estuvo caracterizada por dos sueños. En el primero de ellos me encontraba en una gran avenida, muy larga y con muchas curvas. Esa avenida era de concreto, gris; de un concreto poroso y gris. El cielo en aquel momento también era gris. Lo que hacía que el sueño fuera muy gris. El camino al que dirigía esta avenida llegaba a una torre muy alta, de concreto. Esta torre era una especie de cilindro gris, de concreto, imponente. Se alzaba por los cielos y difícilmente se podría calcular su altura pues las nubes cubrían la visibilidad a aquellos ojos que quisiesen conocer la altura exacta de tal monumento.

Si quisiera llamar de algún modo a este sueño, lo llamaría Babel gris y de Concreto. La razón de este nombre es muy tonta. Cuando era pequeño, en los libros que encargaban comprar las escuelas, como material escolar, se encontraba una pequeña Biblia infantil. Esta pequeña Biblia que poseía dibujos estilizados por todas partes, tenía un capítulo dedicado a la torre de Babel. El dibujo que ahí parecía me recuerda mucho al de mis sueños.

En aquella gran avenida, gris, de concreto, me encontraba andando en mi bicicleta de montaña. La velocidad que se podía alcanzar en este amplio sendero era alta, no sé que tanta. Cuando uno anda en bicicleta de montaña, no sé si sea igual en la de ruta, no se sabe que es rápido y que es lento, pues aunque uno siente que va a una velocidad alta, a veces no lo es tanto.

Recuerdo bien que una de las cosas que más ansiedad me causaba en este sueño era no traer mis zapatos para bici. Este tipo de calzado tiene un sistema especial para engancharse en los pedales. La sensación que se tiene cuando uno se acostumbra a este tipo de calzado es de seguridad. Alguien podría pensar que al contrario, estar unido a una bicicleta de esta manera es realmente peligroso, pero no. Traer este tipo de calzado hace que la bicicleta sea una extensión del cuerpo, de hecho, ya que uno se acostumbra a este tipo de tecnología, uno realmente se siente inseguro al montar la bicicleta. Pues ese fue uno de los sentimientos que tuve al cursar esta gran pista gris, de concreto. No tenía mis zapatos de grapa para la bici. Sentía no tener control en mi bicicleta y tenía miedo de caer en esta avenida gris, de concreto.

En este recorrido me encontraba con mis inseparables compañeros de la bici. No sé si realmente lo sean, quizá lo sean en el recuerdo, pues difícilmente me acuerdo de mis excursiones en bici sin ellos. Sería un buen momento para discernir que es lo inseparable, y en este caso, si que mis amigos los son, pues no me veo, o difícilmente lo hago, sin ellos, en la bicicleta.

A quien recuerdo con mayor detalle es a Guillermo Iñigo, no sé porque estaba, o quizá sí, pero estaba ahí. Siempre que solemos andar en bici, Guillermo Iñigo, lleva un jersey rojo, con una banda negra que surca de muñeca a muñeca por el hombro. De hecho aquel Guillermo Iñigo era el Guillermo Iñigo de una foto que tome con mi móvil, cuando aún Guillermo estaba con Mariana. Creo que también Adolfo iba, el problema es que hace tanto que no lo he visto, que creo que ya no se cómo es. Pienso que era él pues recuerdo un ser con pelo amarillo, ojos verdes y gafas cafés. Sí, creo que era él, así es, cuando lo pienso a él, lo pienso amarillo, ojos verdes, gafas cafés y distante. No sé sí también estaba José Alberto, pienso que el más que estuviese, yo deseaba que estuviese. Cuando estamos en manos del inconsciente no sabemos si las cosas están o queremos que estén. Esa es una cosa que al escribir estás líneas me planteo, y que muchas veces me he planteado. En la realidad, en la vigilia, las cosas se sostienen independientemente de nosotros, o por lo menos así parece. En cambio en el sueño, siento, o muchas veces lo he sentido, somos nosotros los que sostenemos eso que percibimos. De hecho Berkeley me hace mucho sentido cuando sueño. Muchas veces he pensado que si en un sueño dejo de ver un detalle inmediatamente deja de ser. Soñar a diferencia de lo que muchos piensan es una actividad demasiado cansada. No sé si sea cansada para mi, pues aunque soy yo el que sueña, parece que no soy yo el que fabrica lo sueños. Será el inconsciente, no lo sé. Daniel, el psicólogo, compañero de trabajo, dice que gran parte de nuestra vida esta constituida por el inconsciente. Y vaya que sí, pues si por el inconsciente soñamos, y dormimos gran parte de nuestra vida, entonces sí que nuestra vida esta constituida por el inconsciente.

Bajamos rápidamente, Adolfo, José, Guillermo Iñigo, yo; mientras lo hacíamos sentí que caía, y al caer y ver que me aproximaba, a Babel, Gris y de Concreto, me cuestioné porque soñaba eso que soñaba y, siento, que al soñar aquello, las aflicciones que durante esos días tenía se acumulaban alrededor de Babel, Gris y de Concreto.

Sin saber porque, mientras veía a Babel, Gris y de Concreto, comencé a estar en otro lugar. Esa es otra característica del sueño, por lo menos ese sentir tengo, que a diferencia de lo real se puede dejar de estar en un lugar, estando en un mismo lugar. Dejar de estar, en la realidad, podría llegar a ser contradictorio, y en los sueños es muy común que las cosas dejan de ser, y vuelven a ser, y a la vez son y no son. Esta vez al momento en que Babel, Gris y de Concreto dejaba de ser, el lugar donde ahora estaba era muy cercano a mi casa. A unas cuadras de Insurgentes, enfrente de la ex-casa de la Señora Bartilotti. Bueno, no recuerdo bien si era enfrente, o perpendicular a ella, pero cerca estaba.

La Señora Bartilotti era una anciana señora que hace años que no sé de ella. Era amiga de mi abuela. Mi abuela, cuando estaba en mi casa nos llevaba a visitarla, pues la casa de la Señora Bartilotti estaba cerca de mi casa. La Señora Bartilotti tenía unas grandes gafas, terribles; sus ojos parecía duplicar su tamaño a través del aumento de los lentes de las gafas . Eran de plástico. La casa estaba descuidada.

Al momento de mi sueño, no sé si hay manera de establecer un tiempo cronológico en los sueños, la Señora Bartilotti probablemente hubiera muerto. Yo me encontraba ahí esperando, junto a mi auto. Al intentar encender mi auto, no sé con que objeto lo hice, no lo conseguí. Y desesperado lo hacía una y otra vez. Cada vez que lo intentaba peores desperfectos aparecían en la máquina. Cada vez que ideaba un nuevo plan para componerlo, la situación caminaba a peor. Mi ansiedad crecía exponencialmente. Incluso AGW pasó por ahí. No sé porque lo hizo, ni que hacía ahí pero pasó. Intentó auxiliarme con la operación de reparación. No lo conseguimo. Mi auto estaba peor. Abrí el cofre. Mala decisión, todo comenzó a incendiarse, que desesperación. Todos mis intentos fueron absurdos. Aprendí, mientras intentaba repararlo, que al tratar de reparar la cosas se ponían peor. Neciamente, aprendido lo que explico, volvía y volvía a intentar reparar el cacharro. No sé cuantas horas estuve ahí. No hay manera de saber, en lo sueños, el tiempo en el que uno realiza una actividad. Quizá la eternidad sea como los sueños, no hay manera de contarla.

Mientras transito entre la vigilia y el sueño, me pregunto que será más real si el sueño o la vigilia, pues cuando soñamos siempre parece que llegamos a un mismo lugar, las circunstancias varían pero el stimmung propio de los sueños tiene especificidad como el stimmung propio de lo real. He llegado a pensar que soñar es solo un cambio de locación de un mundo a otro. Mundos distintos uno real y otro, que no sé como nombrar. Mi criterio de realidad ha perdido vigencia por esta experiencia. ¿Qué es lo real? ¿qué importancia tiene la experiencia de lo “real”, si ante mi no está? ¿acaso importa? La verdad es la adecuación de la mente con lo real ¿de cuál mente?

La luz de la mañana calienta mis pupilas, haciéndome perder el color de la oscuridad de mi inconsciente; el ruido silencioso de mis sueños se interrumpe por las sonoras y candentes palabras de la discusión entre María y Juan Pablo. Volví de donde me encontraba sin estar, de aquel lugar donde sentía sin ser afectado por algo. Ahora estando entre el tibio y satisfactorio envoltorio de mis cobijas y mi almohada, lo único que reconozco de este transe es el continuo inextinguible de la experiencia de mí.

jueves, octubre 18, 2007

Guillermo dijo:
Salió una cosa en el periódico.

Guillermo dijo:
Que había escrito en mi blog.

Guillermo dijo:
En la primera plana de ciudad.

Guillermo dijo:
Es como un anuncio del blog de la ciudad de Reforma.

Rodrigo dijo:
¿ya los demandaste por plagiar tu blog?

Rodrigo dijo:
yo conozco buenos abogados...

Rodrigo dijo:
creo que el jurídico de reforma no es tan bueno...

Rodrigo dijo:
así que si te ves buzo les sacas un lana-.

Guillermo dijo:
aunque lo hayan hecho con mi consentimiento?

Rodrigo dijo:
aj... hubieras comenzado diciendo eso

miércoles, octubre 10, 2007


Después de casi tres años de haber aprobado mi examen profesional, veinticinco minutos en la cola de la caja de la universidad, otros tantos más en servicios escolares, firmas de documentos (por partida doble) y un chistorete del encargado de humanidades -¡un año más, joven, y le cobramos por almacenaje!-: lo tengo. Siempre pensé que recogerlo sería como un trámite más, sin embargo tengo que confesar que me dio cierto orgullo tenerlo en mis manos.

martes, octubre 02, 2007

Temoin et Acteur

"Chaque homme a eté créé pour être le temoin et l'acteur de un certain spectacle, pour en determiner en lui le sens"

Paul Claudel

lunes, septiembre 17, 2007

Steve Jobs: Sapientia vitae

Es un poco largo pero realmente vale la pena verlo completo.

miércoles, septiembre 05, 2007

Sturm und Drang

Friederich Schiller, dicen, fue la última figura relacionada a esta corriente; no lo sé con precisión. Wikipedia lo relaciona (¡oh gran fuente de sabiduría!), que más da. El nombre del movimiento proviene de una pieza teatral de Klinger, Sturm und Drang, "tempestad y arrebato".

Sturm und Drang se convirtió, para mí, el sábado pasado, en un recuerdo de la maravilla estética a la que fui sometido ese mismo día por la noche. Mientras por la mañana con una ávida curiosidad, revisaba una y otra vez todas las páginas de la red, relacionadas a la Novena (pongo solo Novena porque no hay otra más que la de Beethoven) leía, como todos sabemos, que la letra de la parte coral de este fenomenal obra fue escrita por Schiller. En una de esas búsquedas la palabra Schiller me llevó a Wikipedia y como les comentaba arriba, Wikipedia lo relacionaba con el movimiento de Harmann

Sturm und Drang
: tempestad y arrebato. Es la intensa sensación que se quedó grabada en mis entrañas aquel sábado por la tarde, y así como Sturm und Drang fue como en mi razón aquella intensa experiencia se clasificó.


Para los que algunas vez hayan leído las Crónicas de Narnia de Lewis, recordarán que en el sexto libro se explica la Creación de Narnia. Aslan, el gran león, crea Narnia cantando. Está figura me parece muy sugerente, y al oír la Novena, en ese excelentísimo concierto, mi memoria la evocó. Sturm und Drang: arrebato místico creador.

Estimados lectores, si nunca han oído la Novena en vivo (esperemos que todos por lo menos alguna vez la hayan oído en un reproductor casero) háganlo es una experiencia fabulosa.

martes, agosto 28, 2007

In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.

Hace unos días, mientras me bañaba, recordé el canto del Te Deum en su versión gregoriana. Mientras la tarareaba llegué a la frase final, y me sorprendí especulando sobre el verso que titula esta entrada.

Al detenerme en esa frase, ciertamente, me turbé. En Ti, Señor, espero, no sea confundido en la eternidad. No sé realmente si mi traducción es muy ortodoxa, pero fue la traducción que mentalmente hice, y sobre la que versó lo que pensé.

En ti Señor esperamos, no nos cofundas en la eternidad. Pensando y concentrando mi atención en está frase reflexioné sobre como la esperanza por antonomasia es la esperanza en otra vida más allá de la muerte, y fue por eso que me turbé.

Suele suceder que en esta vida se pueden tener muchas malas experiencias, vivir situaciones difíciles, esperanzas fallidas, y sin embargo todas esas circunstancias por la que se puede pasar son capaces de sobrellevarse cuando uno derriba ese peso, o esos pesos, con la esperanza de un mejor futuro. Sin embargo dentro de la vida del ser humano hay un evento cuya certeza, —quizá la mayor de las certezas que tendremos en esta existencia— es capaz de disolver cualquier otra esperanza: la muerte. Ese fatídico evento que en algún momento nos alcanzará, es un suceso que por eminencia es capaz de desarticular el horizonte de sentido en la vida del hombre. La esperanza en la vida más allá de la muerte es la única actitud capaz de corroer esa nulidad de sentido. En el cristianismo y en otras religiones es una cuestión de fe poseer tal esperanza.

Este pensamiento, más bien intuición (la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte), que no está del todo justificado, me hizo adentrarme en el significado y la razón de la esperanza.

Lo primero que consideré cuando pensaba sobre esto fue la propia noción de esperanza. La esperanza es una realidad fundada en la relación del hombre con su futuro. Es decir la esperanza existe porque los hombres estamos inmersos en el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Nuestra realidad de seres yectos en el tiempo, nos condiciona a proyectarnos, es decir no somos lo que somos, sino que estamos en un desenvolvimento con una dirección frontal. Ser en el hombre es una cosa que se alcanza y no. Somos de una manera, pero tal vez seremos de otra. Alcanzamos continuamente una distinta situación en nuestro propio ser. Ya los existencialistas miraban en la esencia más íntima del hombre la de poder-ser. La posibilidad en el ser humano es una realidad compleja, estamos inmersos en una persecución continua de ser a la que no damos alcance. Esta tensión íntima de nuestro ser nos revela con luz la noción de futuro, lo que no se es, pero se será.

El carácter existencial de futuro en nuestro ser envuelve toda nuestra condición humana. Dentro de la amplitud de determinaciones que genera en el hombre la futurabilidad hay un lugar donde se alberga de manera nuclear en lo referente a nuestro comportamiento y determinación de sentido: este lugar es la conciencia. El comportamiento humano se determina por ese ser consciente del despliegue de nuestro ser y por tanto de la tensión que existe hacia lo que será. La combinación de este carácter con el despliegue emocional de nuestra existencia tiene un juego muy específico: continuamente nos encontramos en un mirar al futuro. La creación imaginativa que hace la conciencia del futuro traducida en un objeto de valor es lo que estructura antropológicamente la esperanza. Cuando el bien —valor deseado— presente se encuentra ausente para la conciencia, somos capaces de ubicarlo en una posibilidad, esta posibilidad se hila a través de la imaginación, y es cuando decimos que tenemos esperanza[1].

La posibilidad de ver un bien futuro, de ubicar un bien futuro, permite, sobrellevar la tortuosidad, que en algunos casos puede llegar a ser la existencia. El control de esta cualidad, poder proyectar bienes futuros, es determinante para una buena calidad de vida[2].

La vida humana se caracteriza determinantemente por nuestra capacidad de esperar. En este caminar por la existencia, como decíamos, en el que en muchos momentos nos encontramos en situaciones complejas, la esperanza es la luz a través de la cual miramos al futuro cuando en alguna ocasión se ha cernido la oscuridad en nuestro andar; la esperanza como dice Goethe es la segunda alma del desdichado. El que espera tiene oxígeno para sobrellevar las circunstancias que pudieran amargar el espíritu.

Caracterizada de manera, más o menos clara la esperanza —eso espero— podemos adentrarnos en la intuición que movió esta entrada: la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte.

La certeza tan absoluta que es la muerte, irónicamente, lleva consigo una falta de certeza: que hay después de ella ¿De qué ha servido ser feliz o ser infeliz, si no sabemos que sigue? Para el ser humano, por más superficial que sea, es una cuestión que tarde o temprano le alcanzará.[3]

El fenómeno de la muerte es el hecho futuro más real al que pueda acceder el ser humano. Cualquier otra certeza que el ser humano pueda tener es incomparable ante la realidad de la muerte: vamos a morir es imposible que no suceda. El hecho de nuestra mortalidad es incuestionable. Y por tanto es un hecho digno de ser reflexionando. En ese sentido es inevitable cuestionarnos la relación de la esperanza y la muerte. Si el ser humano se caracteriza por ser un ser capaz de mirar al bien futuro, se ha de confrontar con la muerte, pues la muerte irrumpe de manera trágica en el futuro. Mucho se ha hablado de la muerte como castigo al pecado original, y vaya que definitivamente lo puede llegar a ser, la muerte se introduce como la desconexión de sentido, como fin insoslayable para el que sabe y es conciente de que vive.

Es por este carácter tan terrible de la muerte, que la esperanza de la vida después de la muerte puede constituirse en la esperanza por antonomasia. El desconocimiento de lo que sucederá después de la muerte a pesar de la ausencia de sentido que puede generar también abre la puerta a la esperanza. En palabras de Maeterlinck: la desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.

Curiosamente la muerte, se constituye en ese todo del que se puede esperar, pues tenemos una ignorancia absoluta respecto de lo que sucederá. Esta esperanza se comprueba con facilidad en un suicida. Curiosamente quien más puede detestar de esta vida o quien más rápido quiere abandonarla, como son estos individuos, suelen ser inconscientemente los más esperanzados en el estado posterior a la muerte, pues al quitarse la vida actual esperan terminar con el suplicio que la vida actual les con lleva.

Por terrible (o positiva) que haya sido nuestra existencia se sabe que el camino tiene un fin. No sabemos a dónde nos lleve. Por más escépticos, ateos, agnósticos que seamos al respecto de lo que siga al fin, existe en el corazón del hombre la esperanza, conciente e inconciente, de que esa incertidumbre tenga un buen fin

In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.


[1] Aristóteles caracteriza la esperanza de una manera muy sencilla: “La esperanza es el sueño del hombre despierto.”
[2] La correcta consideración de objetos en nuestra conciencia (futuros, actuales y pasados), es lo que nos lleva al equilibrio existencial. Hay distintos vicios en la consideración de los objetos y experiencias, sin embargo considerar esto nos llevaría a perder la atención de la consideración principal de esta entrada
[3] Alcanzar en este sentido se entiende no refiriéndose a una sola cuestión especulativa sino existencial.

lunes, agosto 13, 2007

Femme et beauté

Una mirada a la belleza femenina a través del cine y el arte, acompañadas del preludio y sarabanda de la Suite no.1 para cello de Bach. Espero lo disfruten



jueves, julio 19, 2007

¡Sube el anuncio salmón!


A petición de Guillermo Iñigo, subo el anuncio salmón, que no es salmón

viernes, junio 22, 2007

Más Balthasar

No pude no compartir este texto:

"...la distancia que es irrenunciable en el amor: "En el amor verdadero, los que se aman no están pegados el uno al otro, sino que se tienen la distancia que es necesaria para verse por completo el uno al otro y encontrarse". Cada uno deja al otro el "tiempo" y el "espacio" para preparar y presentar sus deseos o "preparar sus regalos". Sin esa distancia personal en la circumincessio de las personas no sería inteligible ni la distancia entre la criatura y Dios, ni la lejanía económica del Hijo respecto del Padre (hasta el abandono)"

(BALTHASAR, Hans Urs von, Teodramática. Vol V, El último acto, Madrid 1997, 96).

martes, junio 12, 2007

De profundis



¿Puede transformarse la naturaleza humana completamente? ¿El hombre, creado bueno por Dios, puede ser convertido en malo por el hombre? ¿Puede el alma ser rehecha enteramente por el destino, y volverse mala si es malo el destino? ¿Puede el corazón deformarse y contraer dolencias incurables bajo la presión de una desgracia desproporcionada, como la columna vertebral bajo una bóveda demasiado baja? ¿No hay en cualquier alma humana, no había en la de Jean Valjean en particular, una chispa primitiva, un elemento divino, incorruptible en este mundo, inmortal en el otro, que el bien pueda desarrollar, fortalecer, purificar y hacer brillar esplendorosamente, y que el mal nunca pueda apagar?

(Los miserables, I, 2, 7)

lunes, abril 30, 2007

Valor sin valor

Hace algunos días leí esta frase, me llamó la atención:

"El amor es lo único a que debemos aspirar; de ahí que en caso hay que preferir aquella obra en que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso, si hacemos lo primero con más amor que lo segundo".

(BALTHASAR, Hans Urs von, Teresa de Lisieux. Historia de una misión, Barcelona 1964, 257).

martes, abril 17, 2007

ήδονή άπάντων άλαζονέστατον

Platón, Phileb 65, C

miércoles, marzo 21, 2007

Solitario y valiente en medio de una ruda realidad


El día de hoy terminé de leer las cartas de Rilke a un joven poeta. Sí, yo, leyendo a Rilke. Tengo que confesar que me costó un poco su lectura pues, como poeta que es, las abundantes descripciones que hace para explicarse me suelen ser algo eternas --eso no quiere decir que no me parezcan bellas-- pero siendo tan pragmático como puedo llegar a ser al leer literatura, me ha costado terminarlas. Bueno no importa, que más da.

Hay un tema que Rilke trata en estas cartas y que me parece interesante considerar: el tema de la soledad y su relación con la creación artística. No podré hacer un análisis concienzudo de lo que he entendido exactamente en esta relación, pues tampoco hice una lectura tan crítica como para poder hacerme un juicio muy exacto y lo suficientemente concatenado, además de que las leí de manera demasiado discontinua. Es más quizá lo que describa aquí no tiene nada que ver con Rilke, y resulta ser solo una excusa para que yo proceda a una propia interpretación de un detalle de lo real (que bueno que sea mi blog, y puedo hacer lo que yo quiera).

Saber ser solitarios es condición de posibilidad para entender la realidad y por tanto de poder expresar a través del arte lo que hay de vasto en la impresión que la realidad genera en mí. Saber de la soledad y entender la soledad es fuente para la contemplación. El artista que sabe de la soledad, como momento de meditación y de atención mantenida, es capaz de madurar un sentimiento lo suficientemente rico, capaz de poder generar una expresión artística. La prisa, la inestabilidad, la algarabia, el ruidero, la falta de contemplación y meditación son factores ajenos a lo que debe ser la expresión verdaderamente artística. La pura espontaneidad motivada por sentimientos epidérmicos es incapaz de mostrar el detalle y la profundidad que debe tener el artista al expresarse. Es mantenida y paciente soledad la que permite el despligue pausado de las formas que se expresan en nuestro interior.

Curioso que la ponderación instalada en el tiempo sea un fenómeno natural que genere las mejores cosas. Se puede observar en los vinos. Mientras más añejos mejores, más logrados sus sabores. El artista debe proceder a la introspección paciente y madurada para ahí poder desenmascarar aquello que es verdaderamente lúcido y rico en su interior; y así estar en posibilidad derramarlo a través de su genio.

¡Oh paciencia! (aquí es dónde me gustaría escribir en griego y poner un vocativo) conocer el ritmo natural de las cosas, difícil virtud pero indispensable en la madurez de todo orden, pues si la madurez es entender la realidad y adentrarse en los designios que dicta ésta, la paciencia resulta ser hermana de la madurez, ya que la realidad no es estática sino rítmica y la paciencia es saber acompañar los ritmos.

martes, marzo 06, 2007

Adivina quien lo dijo

"Aun por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. En esta determinación del individuo, que encuentra en la conciencia la instancia suprema y última, libre en último término frente a las pretensiones de cualquier comunidad externa, incluida la Iglesia oficial, se halla a la vez el antídoto de cualquier totalitarismo en ciernes y la verdadera obediencia eclesial se zafa de cualquier tentación totalitaria, que no podría aceptar, enfrentada con su voluntad de poder, esa clase de vinculación última."

viernes, febrero 16, 2007

Oradores

Ayer en la presentación de libro de Rodrigo Guerra "Como un gran movimiento" tuve oportunidad de realizar varias reflexiones. Una de ellas fue que a pesar de que Carlos A., uno de los presentadores del libro, siempre me ha parecido un tipo de ultraderechas y que por tal razón todo tipo de discurso que genere me hubiera parecido desacreditado, he de reconocer que realmente es un fantástico orador.

Que importante es que la gente tenga convicciones, pensaba cuando le oía hablar; mientras más arraigadas las convicciones más atractivos resultan los discursos de aquel que las posee. Esta pequeña experiencia me hizo meditar en como grandes pueblos han sido capaces de seguir a grandes locos; cuando hay gente con convicciones tan arraigadas y tan firmes, arrastran de una manera increíble.

Es un fenómeno curioso como cuando alguien están seguro de su discurso, se vuelve tan atrayente. La elocuencia tan ágil, tan rica, tan fuerte, engendra la convicción en el oyente -por lo menos emocionalmente- que aquel a quien se escucha es una persona digna de ser creída.

Las masas que por lo regular son de inteligencia media resultan ser blanco fácil para este tipo de seres ¿Por qué? Porque la masa es emocional. Y las emociones son el mejor modo para poder llegar a controlarlar al que mucho siente y poco piensa.

lunes, enero 15, 2007

24hrs

Después de un análisis concienzudo de 24 horas y otros días más de reflexión, me atrevo a decir que Jack Bauer es la hipóstasis de la epikeia.

lunes, enero 08, 2007

Entropía

Pues me es grato contarles, estimados lectores de este blog, que el 7 de enero del año en curso fue publicado uno de los post de este blog en una revista que se llama Entropía. El nombre de dicho post es Apprivoiser v.s Anágke, y fue publicado en un número de esa revista con motivo de los 100 años del Principito.