lunes, abril 30, 2007
Valor sin valor
"El amor es lo único a que debemos aspirar; de ahí que en caso hay que preferir aquella obra en que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso, si hacemos lo primero con más amor que lo segundo".
(BALTHASAR, Hans Urs von, Teresa de Lisieux. Historia de una misión, Barcelona 1964, 257).
martes, abril 17, 2007
miércoles, marzo 21, 2007
Solitario y valiente en medio de una ruda realidad

El día de hoy terminé de leer las cartas de Rilke a un joven poeta. Sí, yo, leyendo a Rilke. Tengo que confesar que me costó un poco su lectura pues, como poeta que es, las abundantes descripciones que hace para explicarse me suelen ser algo eternas --eso no quiere decir que no me parezcan bellas-- pero siendo tan pragmático como puedo llegar a ser al leer literatura, me ha costado terminarlas. Bueno no importa, que más da.
Hay un tema que Rilke trata en estas cartas y que me parece interesante considerar: el tema de la soledad y su relación con la creación artística. No podré hacer un análisis concienzudo de lo que he entendido exactamente en esta relación, pues tampoco hice una lectura tan crítica como para poder hacerme un juicio muy exacto y lo suficientemente concatenado, además de que las leí de manera demasiado discontinua. Es más quizá lo que describa aquí no tiene nada que ver con Rilke, y resulta ser solo una excusa para que yo proceda a una propia interpretación de un detalle de lo real (que bueno que sea mi blog, y puedo hacer lo que yo quiera).
Saber ser solitarios es condición de posibilidad para entender la realidad y por tanto de poder expresar a través del arte lo que hay de vasto en la impresión que la realidad genera en mí. Saber de la soledad y entender la soledad es fuente para la contemplación. El artista que sabe de la soledad, como momento de meditación y de atención mantenida, es capaz de madurar un sentimiento lo suficientemente rico, capaz de poder generar una expresión artística. La prisa, la inestabilidad, la algarabia, el ruidero, la falta de contemplación y meditación son factores ajenos a lo que debe ser la expresión verdaderamente artística. La pura espontaneidad motivada por sentimientos epidérmicos es incapaz de mostrar el detalle y la profundidad que debe tener el artista al expresarse. Es mantenida y paciente soledad la que permite el despligue pausado de las formas que se expresan en nuestro interior.
Curioso que la ponderación instalada en el tiempo sea un fenómeno natural que genere las mejores cosas. Se puede observar en los vinos. Mientras más añejos mejores, más logrados sus sabores. El artista debe proceder a la introspección paciente y madurada para ahí poder desenmascarar aquello que es verdaderamente lúcido y rico en su interior; y así estar en posibilidad derramarlo a través de su genio.
¡Oh paciencia! (aquí es dónde me gustaría escribir en griego y poner un vocativo) conocer el ritmo natural de las cosas, difícil virtud pero indispensable en la madurez de todo orden, pues si la madurez es entender la realidad y adentrarse en los designios que dicta ésta, la paciencia resulta ser hermana de la madurez, ya que la realidad no es estática sino rítmica y la paciencia es saber acompañar los ritmos.
martes, marzo 06, 2007
Adivina quien lo dijo
viernes, febrero 16, 2007
Oradores
Que importante es que la gente tenga convicciones, pensaba cuando le oía hablar; mientras más arraigadas las convicciones más atractivos resultan los discursos de aquel que las posee. Esta pequeña experiencia me hizo meditar en como grandes pueblos han sido capaces de seguir a grandes locos; cuando hay gente con convicciones tan arraigadas y tan firmes, arrastran de una manera increíble.
Es un fenómeno curioso como cuando alguien están seguro de su discurso, se vuelve tan atrayente. La elocuencia tan ágil, tan rica, tan fuerte, engendra la convicción en el oyente -por lo menos emocionalmente- que aquel a quien se escucha es una persona digna de ser creída.
Las masas que por lo regular son de inteligencia media resultan ser blanco fácil para este tipo de seres ¿Por qué? Porque la masa es emocional. Y las emociones son el mejor modo para poder llegar a controlarlar al que mucho siente y poco piensa.
lunes, enero 15, 2007
24hrs
lunes, enero 08, 2007
Entropía
jueves, diciembre 14, 2006
Globos de Oro
En general, creo que lo que más llamativo de ellas es la gran capacidad que tienen los directores de llevarte al mood que prepararon para cada film. La resaca de sentimientos que provocan estas obras cinematográficas son sensacionales; las dos poseen una quasi-perfecta estructura trágica (sentido y pasos de la tragedia griega)
De la película de Del Toro quiero destacar de manera especial el final de la película. La pequeña Ofelia, protagonista principal de la película, consigue llevar a fin la historia en la que se ha involucrado. Los rojos llevan la suya adelante ¿cuál es más real?
De Babel, muchas cosas se podrían decir, sin embargo la historia más impactante es la de la Japonesa ¿Habrá peor desesperación que el sentimiento de no sentirse aceptado-recibido por alguien? ¿Será más grave aquella incomunicación de la intimidad que la incomunicación de un sordo mudo?
martes, noviembre 21, 2006
Buen cine
Så sam i himmelen
(Así en la tierra como en el cielo)
Dirigida por Kay Pollak
Suecia
Babel
Dirigida por Alejandro González Iñarritu
México
El labertino del Fauno
Dirgida por Guillermo del Toro
México
domingo, noviembre 05, 2006
Para los casados con paradigmas
domingo, octubre 01, 2006
Virtusismo del s. XIX
El primer compositor es Nicolo Paganini famoso por su dominio del violín.
La pieza es la interpretación de la campanella "Concierto para violín en si menor” de Nicolo Paganini en una adaptación para solo de violín.
El siguiente compositor es Franz Liszt. Este autor muestra el mismo virtuisismo de Paganini, pero en el piano.
Esta es la traducción de la campanella de Nicolo Paganini por Franz Liszt, estudio 3
viernes, septiembre 22, 2006
Buscador de Sosias
http://www.myheritage.com/FP/Company/tryFaceRecognition.php
jueves, agosto 31, 2006
Bruno Forte says
Paja:
accidental,
caduco se muestra el lenguaje,
frágil revestimiento
para evocar el abismo,
cruzado por palabras
que apenas dan cuenta
de la escondida fuente
del decir.
Como las semillas de trigo
de los campos soleados,
de las espigas maduras,
se deshacen
en premisas de panes sabrosos,
se diluyen
en nutrientes harinas,
así también las frases
quemadas por los soles
del decir maduro,
se explican
en rápidas cifras,
premisa de sabrosos silencios,
ordanándose
en alternativas diluidas
de esperas,
de escuchas... Escucha:
desde silencios profundísimos
procede la palabra
en tenue pronunciación
de sílabas cadenciosas
hacia nuevos silencios
preñados de vida.
Escucha:
germina desde el silencio
la palabra fecunda,
morada de los vivientes.
En silencio
escucha
la Palabra.
Escucha... El tiempo
de trilla ha llegado,
la paja ya es
separada de las semillas:
ya no es posible
trazar
figuras de voces.
Es victoria
rendirse ante el silencio:
el Asaltante nocturno
vence en el vado
de nuestro elocuente
callar.
"¡Reginaldo, no puedo!"
Estética o Metafísica
Despues, la interpretación, según algunos, de lo que Tomás de Aquino quiso decir con la respuesta anterior:"No puedo. Todo lo que he escrito me parece paja comparado a lo que he visto y me ha sido revelado" (Non possum quia omnia quae scripsi videntur mihi paleae respectu eorum quae vidi et revelata sunt mihi).
"¿Cómo podríamos cantar un canto a Yahveh en una tierra extraña?" (Salmo
137, 4).
¿Qué opinan?"En esta vida es mejor conocer que amar las cosas inferiores a nosotros, pero es mejor amar las cosas que son superiores. Respecto de Dios es mejor amarlo que conocerlo, porque el conocimiento hace que las cosas vengan a nosotros y se adapten a nuestra manera de ser; pero el amor, que es la caridad, nos hace salir de nosotros y nos lanza hacia el objeto amado. El que ama se asemeja a la cosa amada; el que conoce adapta la cosa conocida a su propio modo de ser. De suerte que, cuando se trata de cosas inferiores, las elevamos cuando las conocemos, porque les damos nuestro propio modo de ser; pero cuando las amamos nos envilecemos. En cambio, cuando conocemos las cosas superiores, las empequeñecemos cuando se adaptan a nuestra inteligencia; pero, cuando las amamos, nos elevamos hacia ellas. Por eso, en esta vida, es mejor amar a Dios que conocerlo, y por ello es más lo que amamos a Dios por la caridad que lo que lo conocemos por la fe."
Summa Theologiae, I, q. 82, a. 3.
viernes, agosto 25, 2006
Con motivo de los 50 años de su muerte

"My painting does not come from the easel. I hardly ever stretch the canvas before painting. I prefer to tack the unstretched canvas to the hard wall or the floor. I need the resistance of a hard surface. On the floor I am more at ease. I feel nearer, more part of the painting, since this way I can walk around it, work from the four sides and literally be in the painting.
I continue to get further away from the usual painter's tools such as easel, palette, brushes, etc. I prefer sticks, trowels, knives and dripping fluid paint or a heavy impasto with sand, broken glass or other foreign matter added.
When I am in my painting, I'm not aware of what I'm doing. It is only after a sort of 'get acquainted' period that I see what I have been about. I have no fear of making changes, destroying the image, etc., because the painting has a life of its own. I try to let it come through. It is only when I lose contact with the painting that the result is a mess. Otherwise there is pure harmony, an easy give and take, and the painting comes out well."
martes, agosto 08, 2006
Apprivoiser v.s Anágke
Le petit prince, SAINT EXUPERY, Antoine
Hace algunos días recordé lo interesante que es el texto que pongo a los ojos del lector. Es un fragmento tremendamente famoso del Principito. Es un párrafo sensacional.
Me gustaría detenerme en las palabras “mais, si tu m'apprivoises, nous aurons besoin l'un de l'autre”, [pero si tu me domesticas, nos necesitaremos, uno del otro.] y más en concreto en el sentido de necesidad que se observa aquí. Si se analiza a primera vista se descubrirá que el término es utilizado en una acepción débil, por lo menos, en lo que se refiere al significado fuerte que tiene necesidad en la filosofía. Necesidad en sentido fuerte nos habla de “lo que no puede ser de otro modo” (Aristóteles, Met., L VII, 1072 b sigs), simpliciter en latín y anagkaion aploos en griego.
Anagké se refiere a lo incondicionado. Es llamativo como Aristóteles al definir necesidad tenga que recurrir a la negación: “lo que no puede ser de otro modo”; Lo necesario es lo que siempre se cumple.[1]
Después de estás consideraciones, podríamos constatar aparentemente lo que afirmábamos: que el sentido de necesidad expresado en el fragmento del Principito sería un sentido débil de necesidad.
Sin embargo en mi opinión el sentido de necesidad dibujado por Saint Exupery expresa un sentido más pleno o más perfecto de lo que es la necesidad, pues agrega un elemento al sentido ordinario que hemos venido describiendo de necesidad: la voluntad de necesitar. Como se explicaba algunas líneas arriba, la necesidad en sentido fuerte es cumplimiento máximo, es lo que siempre es igual e irremediablemente: sin embargo es esa ceguera impuesta —en este tipo de necesidad— donde me parece se puede encontrar la debilidad de ese sentido.
La necesidad en el sentido “fuerte” no está condicionada por sí misma, sino que simplemente está condicionada. De ahí el calificativo de ciega que otorgábamos a la anagké en el párrafo anterior. La fuerza de está necesidad es una condición a priori, no se llega a necesitar sino que siempre se ejerce la necesidad, y por tanto no se deja de necesitar, ni se tiene que mantener el necesitar. En cambio el necesitar de Saint Exupery es un necesitar deseado. Se necesita porque se quiere. No hay necesidad estricta de necesitar sino que se quiere necesitar. He ahí donde se puede comenzar a vislumbrar la superioridad del apprivoiser de Saint Exupery.
Apprivoiser es necesitar porque se quiere. Querer necesitar es un acto superior, pues se entiende, se quiere y se siente necesitar, es la conjunción de varios actos. Implica el repliegue de un ser sobre sí para salir de sí.
Este necesitar, además, individualiza. Anagké es una condición universal, no distingue sino que se aplica totalitariamente. Apprivoiser reconoce e individualiza: "Je ne suis pour toi qu'un renard semblable à cent mille renards. Mais, si tu m'apprivoises, nous aurons besoin l'un de l'autre. Tu seras pour moi unique au monde. Je serai pour toi unique au monde...” El que decide necesitar, distingue la razón de su necesitar, al grado que la distingue máximamente sobre las otras cosas.
En la última observación también podemos llegar a otra conclusión, quien necesita en este sentido, tiene que ser necesitado. Este paso es más complejo justificar desde la argumentación que venimos proponiendo. Me parece que el paso clave para entender esta premisa se encuentra en la pregunta ¿por qué necesitar? En la acepción de anagké no hay espacio para esta pregunta, pues al ser una condición a priori remite a la estructura de la condición de necesidad, lo necesario ocurre porque así es. No hay una razón para necesitar sino que simplemente hay necesidad. La necesidad sucede. Y aquí vemos una vez más la distinción entre estos tipos de necesidad. Apprivoiser implica un salir a necesitar, anagké no. La necesidad en sentido anagké esta cerrada, en cambio apprivoiser implica una salida, un necesitar-necesitar es decir desear necesitar. El que quiere necesitar curiosamente necesita-necesitar, si no, no buscaría necesitar. Este necesitar puede decidir no necesitar, sin embargo poder-necesitar refleja la condición de apertura: el deseo de necesitar espera un necesitar.
Necesitar-necesitar. Es llamativo este círculo que se ha desvelado al hablar de necesidad en el sentido expuesto por Saint Exupery. Es curioso que algo quiera necesitar de algo. Aún es más extraño, si entendemos el querer como un acto que implica libertad, que la libertad necesite. Aparentemente como lo señalamos en alguna nota al pie de este texto, libertad y necesidad son contradictorios; entonces ¿es lógico pensar que la libertad necesite? La clave para acabar de comprender este necesitar, a mi juicio, está en la estructura donal de los seres libres, sin embargo esta condición es objeto de otro estudio. La observación que hemos hecho del necesitar, es solo un elemento más de la compleja realidad de la donación.
[1] Cabe decir que esta acepción de necesidad en nuestros días es uno de esos términos incómodos. ¿Por qué? Porque tal pareciese que la necesidad se mueve hierática e incólume pasando de largo, sin detenerse ante nada ni ante nadie, la necesidad no respeta, ni mira, ni condesciende: ocurre, y siempre. Y sobre todo es más incomoda cuando se le enfrenta a la libertad.
jueves, julio 20, 2006
Arte con la pata de una silla
La anécdota sucede en Mayo de 1872, cuando al terminar la ceremonia de la colocación de la primera piedra del “Teatro del Festival” (Festsphielhaus), en Bayreuth, Richard Wagner, dirigió la “Novena” de Beethoven en el Teatro del Markgrave y un periodista escribió lo siguiente: “¡Después de romper tres batutas, Wagner, dirigió con la pata de una silla!”.
sábado, julio 15, 2006
Por que es importante recordar al Conde de la Fere
O en versión de Newman: "Decir que el caballero es una persona que nunca hace daño, equivale casi a definirlo".
Pues bien: el caballero es Athos. El lector de la saga dumasiana lo reconoce siempre con una especie de alegría interior. Athos no miente; Athos no traiciona; Athos no se pone del lado de ganadores ni conveniencias ni historicismos ni ideologías. Athos se pone del lado de la caballerosidad.
Pero esto se manifiesta en el actuar y el decir. Athos mantiene la conversación en ese delicioso momento irónico que no insulta al interlocutor. Y esto es lo difícil: ser mordaz, ser hiriente, ser ácido, es sencillo. Y es bajo. El argumento ad hominem se le entrega a todos, y quien lo usa no es más que un vulgar (¿todavía se usa la palabra 'canalla'?). El punto medio es lo genial. Presentemos una gran conversación (Athos & Artagnan):
Luego Athos, cambiando de pronto de conversación:
-A propósito -dijo-, os agradezco el caballo que me habéis traído.
-¿Es de vuestro gusto? -preguntó D'Artagnan.
-Sí, pero no es un caballo de aguante.
-Os equivocáis; he hecho con él diez leguas en menos de hora y media, y no parecía más
cansado que si hubiera dado una vuelta a la plaza Saint-Sulpice.
-Pues me dais un gran disgusto.
-¿Un gran disgusto?
-Sí, porque me he deshecho de él.
-¿Cómo?
-Estos son los hechos: esta mañana me he despertado a las seis, vos dormíais como un tronco,
y yo no sabía qué hacer; estaba todavía completamente atontado de nuestra juerga de ayer;
bajé al salón y vi a uno de nuestros ingleses que ajustaba un caballo con un tratante por haber
muerto ayer el suyo a consecuencia de un vómito de sangre. Me acerqué a él, y como vi que
ofrecía cien pistolas por un alazán tostado: «Por Dios -le dije-, gentilhombre, también yo tengo
un caballo que vender.» «Y muy bueno incluso -dijo él-. Lo vi ayer, el criado de vuestro amigo lo
llevaba de la mano.» «¿Os parece que vale cien pistolas?» «Sí.» ¿Y queréis dármelo por ese
precio?» «No, pero os lo juego.» «¿Me lo jugáis?» «Sí.» «¿A qué?» «A los dados.» Y dicho y he-
cho; y he perdido el caballo. ¡Ah, pero también -continuó Athos- he vuelto a ganar la montura.
D'Artagnan hizo un gesto bastante disgustado.
-¿Os contraría? -dijo Athos.
-Pues sí, os lo confieso -prosiguió D'Artagnan-. Ese caballo debía serviros para hacernos
reconocer un día de batalla; era una prenda, un recuerdo. Athos, habéis cometido un error.
-Ay, amigo mío, poneos en mi lugar -prosiguió el mosquetero-; me aburría de muerte, y
además, palabra de honor, no me gustan los caballos ingleses. Veamos, si no se trata más que
de ser reconocido por alguien, pues bien, la silla bastará; es bastante notable. En cuanto al
caballo, ya encontraremos alguna excusa para justificar su desaparición. ¡Qué diablos! Un caballo
es mortal; digamos que el mío ha tenido el muermo.
D'Artagnan no desfruncía el ceño.
-Me contraría -continuó Athos- que tengáis en tanto a esos animales, porque no he acabado mi
historia.
-¿Pues qué habéis hecho además?
-Después de haber perdido mi caballo (nueve contra diez, ved qué suerte), me vino la idea de
jugar el vuestro.
-Sí, pero espero que os hayáis quedado en la idea.
-No, la puse en práctica en aquel mismo instante.
-¡Vaya! -exclamó D'Artagnan inquieto.
-Jugué y perdí.
-¿Mi caballo?
-Vuestro caballo; siete contra ocho, a falta de un punto..., ya conocéis el proverbio.
-Athos no estáis en vuestro sano juicio, ¡os lo juro!
-Querido, ayer, cuando os contaba mis tontas historias, era cuando teníais que decirme eso, y
no esta mañana. Los he perdido, pues, con todos los equipos y todos los arneses posibles.
-¡Pero es horrible!
-Esperad, no sabéis todo; yo sería un jugador excelente si no me obstinara; pero me obstino,
es como cuando bebo; me encabezoné entonces. . .
-Pero ¿qué pudisteis jugar si no os quedaba nada?
-Sí quedaba, amigo mío, sí quedaba; nos quedaba ese diamante que brilla en vuestro dedo, y
en el que me fijé ayer.
-¡Este diamante! -exclamó D'Artagnan llevando con presteza la mano a su anillo.
-Y como entiendo, por haber tenido algunos propios, lo estimé en mil pistolas.
-Espero -dijo seriamente D'Artagnan medio muerto de espanto que no hayáis hecho mención
alguna de mi diamante.
-Al contrario, querido amigo; comprended, ese diamante era nuestro único recurso; con él yo
podía volver a ganar nuestros arneses y nuestros caballos, y además dinero para el camino.
-¡Athos, me hacéis temblar! -exclamó D Artagnan.
-Hablé, pues, de vuestro diamante a mi contrincante, que también había reparado en él. ¡Qué
diablos, querido, lleváis en vuestro dedo una estrella del cielo, y queréis que no le presten
atención! ¡Imposible!
-¡Acabad, querido, acabad -dijo D'Artagnan-, porque, por mi honor, con vuestra sangre fría me
hacéis morir!
-Dividimos, pues, ese diamante en diez partes de cien pistolas cada una.
-¡Ah! ¿Queréis reíros y probarme? -dijo D'Artagnan a quien la cólera comenzaba a cogerle por
los cabellos como Minerva coge a Aquiles en la Ilíada.
-No, no bromeo, por todos los diablos. ¡Me hubiera gustado veros a vos! Hacía quince días que
no había visto un rostro humano y que estaba allí embruteciéndome empalmando una botella
tras otra.
-Esa no es razón para jugar un diamante -respondió D Artagnan apretando su mano con una
crispacion nerviosa.
-Escuchad, pues, el final: diez partes de cien pistolas cada una, en diez tiradas sin revancha. En
trece tiradas perdí todo. ¡En trece tiradas! El número trece me ha sido siempre fatal, era el trece
del mes de julio cuando...
-¡Maldita sea! -exclamó D'Artagnan levantándose de la mesa-. La historia del día hace olvidar la
de la noche.
-Paciencia -dijo Athos- y tenía un plan. El inglés era un extravagante, yo lo había visto por la
mañana hablar con Grimaud y Grimaud me había advertido que le había hecho proposiciones
para entrar a su servicio. Me jugué a Grimaud, el silencioso Grimaud dividido en diez porciones.
-¡Ah, vaya golpe! -dijo D'Artagnan estallando de risa a pesa suyo.
-¡El mismo Grimaud! ¿Oís esto? Y con las diez partes de Grimaud que no vale en total un
ducado de plata, recuperé el diamante. Ahora decid si la persistencia no es una virtud.
-¡Y a fe que bien rara! -exclamó D'Artagnan consolado y sosteniéndose los hijares de risa.
-Como comprenderéis, sintiéndome en vena, me puse al punto a jugar el diamante.
-¡Ah, diablos! -dijo D'Artagnan ensombreciéndose de nuevo.
-Volví a ganar vuestros arneses, después vuestro caballo, luego mis arneses, luego mi caballo,
luego lo volví a perder. En resumen, conseguí vuestro arnés, luego el mío. Ahí estamos. Una
tirada soberbia; y ahí me he quedado.
D'Artagnan respiró como si le hubieran quitado la hostería de encima del pecho.
-En fin, que me queda el diamante -dijo tímidamente.
-¡Intacto, querido amigo! Además de los arneses de vuestro bucéfalo y del mío.
-Pero ¿qué haremos de nuestros arneses sin caballos?
-Tengo una idea sobre ellos.
-Athos, me hacéis temblar.
-Escuchad, vos no habéis jugado hace mucho tiempo, D'Artagnan.
-Y no tengo ganas de jugar.
-No juremos. No habéis jugado hace tiempo, decía yo, y por eso debéis tener buena mano.
- ¿Y después?
-Pues que el inglés y su acompañante están todavía ahí. He observado que lamentaban mucho
los arneses. Vos parecéis tener en mucho vuestro caballo. En vuestro lugar, yo jugaría vuestros
arneses contra vuestro caballo.
-Pero él no querrá un solo arnés.
-Jugad los dos, pardiez. Yo no soy tan egoísta como vos.
-¿Haríais eso? -dijo D'Artagnan indeciso, tanto comenzaba a ganarle la confianza, a su costa,
de Ahtos.
-Palabra de honor, de una sola tirada.
-Pero es que, después de haber perdido los caballos, quisiera conservar los arneses.
-Jugad entonces vuestro diamante.
-Oh, esto es otra cosa; nunca, nunca.
-¡Diablos! -dijo Athos-. Yo os propondría jugaros a Planchet; pero como eso ya está hecho,
quizá el inglés no quiera.
-Decididamente, mi querido Athos -dijo D'Artagnan-, prefiero no arriesgar nada.
-¡Es una lástima! -dijo fríamente Athos-. El inglés está forrado de pistolas. ¡Ay, Dios mío!
Ensayad una tirada, una tirada se juega
-¿Y si pierdo?
-Ganaréis.
-Pero ¿y si pierdo?
-Pues entonces le daréis los arneses.
-Vaya entonces una tirada -dijo D'Artagnan.
martes, junio 20, 2006
Una aguda visión de AMLO
Les pongo el link
http://www.letraslibres.com/index.php?art=11289

Está largo pero merece la pena darle una leida.
lunes, junio 05, 2006
L'eleganza
"L'eleganza non è farsi notare, ma farsi ricordare"