viernes, mayo 19, 2006

Reflexiones sobre la esperanza

"Al que todo lo pierde, le queda Dios todavía."
Arthur Schopenhauer


Antes de otra cosa un agradecimiento al blog de Serch, pues ha alentado mi espíritu filosófico más especulativo.

Y es que al leer un post de Serch que comenzaba con una frase de Luigi Giussani sobre la esperanza y al enlazarla con el relato griego de Pandora, tuve tiempo de meditar unos instantes sobre la realidad de la esperanza que ahora comparto

En primer lugar quisiera ir al relato griego de Pandora. Hay unos elementos interesantes que considerar. El primero de ellos es el sentido originario de la esperanza. Es curioso que al lado de todos los males que convienen a la existencia humana (tristeza, sufrimiento y dolor) venga la esperanza. Es la esperanza un elemento necesario para la existencia. En el relato de Pandora, los hombres están desolados sin la esperanza. No se puede vivir sin esperanza porque así como el sufrimiento esta incrustado en el vivir, la esperanza también. El hombre sin la esperanza esta muerto,ya lo decía García Lorca: "El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta." Pues cuando la esperanza está muerta el vivir carece de sentido. La enseñanza de Pandora es clara: el hombre sobrevive porque espera.

Por eso es interesante la observación de Giussani: La esperanza es estructural. El hombre sobrevive porque espera. La falta de esperanza es igual a tedio. Claro hablar de la pura esperanza es extraño, pues solo hay un "esperar-en". Me parece que Heidegger nota esto, y al asumir al hombre como un ser-para-la muerte, descubre la agustia como caracter auténtico de la existencia. Cuando no hay esperanza, cuando no hay sentido, hay angustia.

El hombre necesita esperar, cuando no se espera uno está muerto. Aquí podemos decir algo más, el ser del hombre está en relación a sus esperanzas, es decir a sus convicciones. Quien no tiene convicciones está muerto y no se ha dado cuenta.

6 comentarios:

El Serch dijo...

Gracias a ti por esta reflexión.
Prometo un comentario largo al respecto... o quizá otro post.

Pero por lo pronto, que pases un buen fin de semana.

Un abrazo.

loveless dijo...

La esperanza tiene una dimensión dicotómica, no podemos vivir sin tener esperanza pero confiar en exceso en ella nos aleja de la realidad. Para mi la esperanza es como el amor. No podemos vivir sin amar algo o alguien (ya que seríamos meros objetos sin la pasión que nos mueve) pero es utópico pensar que siempre amaremos lo mismo, porque el amor se acaba así como en la vida existen cosas para las que no tiene cabida la esperanza.

Un abrazo

Rodrigo dijo...

De acuerdo loveless, la esperanza se funda en cosas reales; y veo el riesgo de la profunda decepción que puede causar la destrucción de una convicción.

El Serch dijo...

Coincido con Rodrigo. La esperanza se funda en cosas reales. Es decir, en una experiencia presente que continuamente se renueva.
También coincido con Loveless, la esperanza es como el amor -o ¿se requerirá de esperanza para el amor o viceversa?-

No se si es utòpico si amaremos lo mismo o al mismo. Pero al menos yo aspiro a amar de manera perdurable.

Algún sociólogo acuñó el término "amor líquido" para describir como se vive el "amor" en nuestras sociedades actuales. Lo líquido, es decir, lo que escapa, lo ligero e informe, lo pasajero e inasible.

La esperanza es quizá, una de las pocas cosas que, como el Fénix, resurge de sus propias cenizas, porque, como bien lo dices, sin esperanzas, nos quedamos en pura ceniza.

Es decir, empezamos a morir ya en vida.

Un abrazo.

El Serch dijo...

Oyes pues acabo de tener mi momento teológico y creo que tiene que ver con este post que haz escrito.

Te espero en mi blog.
Saludos!!

Pedro dijo...

He de reconocer que, aunque supongo que siempre he vivido con ella, hasta hace pocos años me he detenido a reflexionar, pero sobre todo a ejercitarla conscientemente.
Me gustó mucho la comparación con la convicción, y la muerte.
Me anima a fortalecer mis convicciones, sabiendo que ellas me hacen más yo.
En este mar de confusión del mundo, las convicciones son el salvavidas de la esperanza, y por tanto del propio yo.