Es un poco largo pero realmente vale la pena verlo completo.
lunes, septiembre 17, 2007
miércoles, septiembre 05, 2007
Sturm und Drang
Friederich Schiller, dicen, fue la última figura relacionada a esta corriente; no lo sé con precisión. Wikipedia lo relaciona (¡oh gran fuente de sabiduría!), que más da. El nombre del movimiento proviene de una pieza teatral de Klinger, Sturm und Drang, "tempestad y arrebato".
Sturm und Drang se convirtió, para mí, el sábado pasado, en un recuerdo de la maravilla estética a la que fui sometido ese mismo día por la noche. Mientras por la mañana con una ávida curiosidad, revisaba una y otra vez todas las páginas de la red, relacionadas a la Novena (pongo solo Novena porque no hay otra más que la de Beethoven) leía, como todos sabemos, que la letra de la parte coral de este fenomenal obra fue escrita por Schiller. En una de esas búsquedas la palabra Schiller me llevó a Wikipedia y como les comentaba arriba, Wikipedia lo relacionaba con el movimiento de Harmann
Sturm und Drang: tempestad y arrebato. Es la intensa sensación que se quedó grabada en mis entrañas aquel sábado por la tarde, y así como Sturm und Drang fue como en mi razón aquella intensa experiencia se clasificó.
Para los que algunas vez hayan leído las Crónicas de Narnia de Lewis, recordarán que en el sexto libro se explica la Creación de Narnia. Aslan, el gran león, crea Narnia cantando. Está figura me parece muy sugerente, y al oír la Novena, en ese excelentísimo concierto, mi memoria la evocó. Sturm und Drang: arrebato místico creador.
Estimados lectores, si nunca han oído la Novena en vivo (esperemos que todos por lo menos alguna vez la hayan oído en un reproductor casero) háganlo es una experiencia fabulosa.
Sturm und Drang se convirtió, para mí, el sábado pasado, en un recuerdo de la maravilla estética a la que fui sometido ese mismo día por la noche. Mientras por la mañana con una ávida curiosidad, revisaba una y otra vez todas las páginas de la red, relacionadas a la Novena (pongo solo Novena porque no hay otra más que la de Beethoven) leía, como todos sabemos, que la letra de la parte coral de este fenomenal obra fue escrita por Schiller. En una de esas búsquedas la palabra Schiller me llevó a Wikipedia y como les comentaba arriba, Wikipedia lo relacionaba con el movimiento de Harmann
Sturm und Drang: tempestad y arrebato. Es la intensa sensación que se quedó grabada en mis entrañas aquel sábado por la tarde, y así como Sturm und Drang fue como en mi razón aquella intensa experiencia se clasificó.
Para los que algunas vez hayan leído las Crónicas de Narnia de Lewis, recordarán que en el sexto libro se explica la Creación de Narnia. Aslan, el gran león, crea Narnia cantando. Está figura me parece muy sugerente, y al oír la Novena, en ese excelentísimo concierto, mi memoria la evocó. Sturm und Drang: arrebato místico creador.
Estimados lectores, si nunca han oído la Novena en vivo (esperemos que todos por lo menos alguna vez la hayan oído en un reproductor casero) háganlo es una experiencia fabulosa.
martes, agosto 28, 2007
In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.
Hace unos días, mientras me bañaba, recordé el canto del Te Deum en su versión gregoriana. Mientras la tarareaba llegué a la frase final, y me sorprendí especulando sobre el verso que titula esta entrada.
Al detenerme en esa frase, ciertamente, me turbé. En Ti, Señor, espero, no sea confundido en la eternidad. No sé realmente si mi traducción es muy ortodoxa, pero fue la traducción que mentalmente hice, y sobre la que versó lo que pensé.
En ti Señor esperamos, no nos cofundas en la eternidad. Pensando y concentrando mi atención en está frase reflexioné sobre como la esperanza por antonomasia es la esperanza en otra vida más allá de la muerte, y fue por eso que me turbé.
Suele suceder que en esta vida se pueden tener muchas malas experiencias, vivir situaciones difíciles, esperanzas fallidas, y sin embargo todas esas circunstancias por la que se puede pasar son capaces de sobrellevarse cuando uno derriba ese peso, o esos pesos, con la esperanza de un mejor futuro. Sin embargo dentro de la vida del ser humano hay un evento cuya certeza, —quizá la mayor de las certezas que tendremos en esta existencia— es capaz de disolver cualquier otra esperanza: la muerte. Ese fatídico evento que en algún momento nos alcanzará, es un suceso que por eminencia es capaz de desarticular el horizonte de sentido en la vida del hombre. La esperanza en la vida más allá de la muerte es la única actitud capaz de corroer esa nulidad de sentido. En el cristianismo y en otras religiones es una cuestión de fe poseer tal esperanza.
Este pensamiento, más bien intuición (la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte), que no está del todo justificado, me hizo adentrarme en el significado y la razón de la esperanza.
Lo primero que consideré cuando pensaba sobre esto fue la propia noción de esperanza. La esperanza es una realidad fundada en la relación del hombre con su futuro. Es decir la esperanza existe porque los hombres estamos inmersos en el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Nuestra realidad de seres yectos en el tiempo, nos condiciona a proyectarnos, es decir no somos lo que somos, sino que estamos en un desenvolvimento con una dirección frontal. Ser en el hombre es una cosa que se alcanza y no. Somos de una manera, pero tal vez seremos de otra. Alcanzamos continuamente una distinta situación en nuestro propio ser. Ya los existencialistas miraban en la esencia más íntima del hombre la de poder-ser. La posibilidad en el ser humano es una realidad compleja, estamos inmersos en una persecución continua de ser a la que no damos alcance. Esta tensión íntima de nuestro ser nos revela con luz la noción de futuro, lo que no se es, pero se será.
El carácter existencial de futuro en nuestro ser envuelve toda nuestra condición humana. Dentro de la amplitud de determinaciones que genera en el hombre la futurabilidad hay un lugar donde se alberga de manera nuclear en lo referente a nuestro comportamiento y determinación de sentido: este lugar es la conciencia. El comportamiento humano se determina por ese ser consciente del despliegue de nuestro ser y por tanto de la tensión que existe hacia lo que será. La combinación de este carácter con el despliegue emocional de nuestra existencia tiene un juego muy específico: continuamente nos encontramos en un mirar al futuro. La creación imaginativa que hace la conciencia del futuro traducida en un objeto de valor es lo que estructura antropológicamente la esperanza. Cuando el bien —valor deseado— presente se encuentra ausente para la conciencia, somos capaces de ubicarlo en una posibilidad, esta posibilidad se hila a través de la imaginación, y es cuando decimos que tenemos esperanza[1].
La posibilidad de ver un bien futuro, de ubicar un bien futuro, permite, sobrellevar la tortuosidad, que en algunos casos puede llegar a ser la existencia. El control de esta cualidad, poder proyectar bienes futuros, es determinante para una buena calidad de vida[2].
La vida humana se caracteriza determinantemente por nuestra capacidad de esperar. En este caminar por la existencia, como decíamos, en el que en muchos momentos nos encontramos en situaciones complejas, la esperanza es la luz a través de la cual miramos al futuro cuando en alguna ocasión se ha cernido la oscuridad en nuestro andar; la esperanza como dice Goethe es la segunda alma del desdichado. El que espera tiene oxígeno para sobrellevar las circunstancias que pudieran amargar el espíritu.
Caracterizada de manera, más o menos clara la esperanza —eso espero— podemos adentrarnos en la intuición que movió esta entrada: la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte.
La certeza tan absoluta que es la muerte, irónicamente, lleva consigo una falta de certeza: que hay después de ella ¿De qué ha servido ser feliz o ser infeliz, si no sabemos que sigue? Para el ser humano, por más superficial que sea, es una cuestión que tarde o temprano le alcanzará.[3]
El fenómeno de la muerte es el hecho futuro más real al que pueda acceder el ser humano. Cualquier otra certeza que el ser humano pueda tener es incomparable ante la realidad de la muerte: vamos a morir es imposible que no suceda. El hecho de nuestra mortalidad es incuestionable. Y por tanto es un hecho digno de ser reflexionando. En ese sentido es inevitable cuestionarnos la relación de la esperanza y la muerte. Si el ser humano se caracteriza por ser un ser capaz de mirar al bien futuro, se ha de confrontar con la muerte, pues la muerte irrumpe de manera trágica en el futuro. Mucho se ha hablado de la muerte como castigo al pecado original, y vaya que definitivamente lo puede llegar a ser, la muerte se introduce como la desconexión de sentido, como fin insoslayable para el que sabe y es conciente de que vive.
Es por este carácter tan terrible de la muerte, que la esperanza de la vida después de la muerte puede constituirse en la esperanza por antonomasia. El desconocimiento de lo que sucederá después de la muerte a pesar de la ausencia de sentido que puede generar también abre la puerta a la esperanza. En palabras de Maeterlinck: la desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.
Curiosamente la muerte, se constituye en ese todo del que se puede esperar, pues tenemos una ignorancia absoluta respecto de lo que sucederá. Esta esperanza se comprueba con facilidad en un suicida. Curiosamente quien más puede detestar de esta vida o quien más rápido quiere abandonarla, como son estos individuos, suelen ser inconscientemente los más esperanzados en el estado posterior a la muerte, pues al quitarse la vida actual esperan terminar con el suplicio que la vida actual les con lleva.
Por terrible (o positiva) que haya sido nuestra existencia se sabe que el camino tiene un fin. No sabemos a dónde nos lleve. Por más escépticos, ateos, agnósticos que seamos al respecto de lo que siga al fin, existe en el corazón del hombre la esperanza, conciente e inconciente, de que esa incertidumbre tenga un buen fin
In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.
[1] Aristóteles caracteriza la esperanza de una manera muy sencilla: “La esperanza es el sueño del hombre despierto.”
[2] La correcta consideración de objetos en nuestra conciencia (futuros, actuales y pasados), es lo que nos lleva al equilibrio existencial. Hay distintos vicios en la consideración de los objetos y experiencias, sin embargo considerar esto nos llevaría a perder la atención de la consideración principal de esta entrada
[3] Alcanzar en este sentido se entiende no refiriéndose a una sola cuestión especulativa sino existencial.
Al detenerme en esa frase, ciertamente, me turbé. En Ti, Señor, espero, no sea confundido en la eternidad. No sé realmente si mi traducción es muy ortodoxa, pero fue la traducción que mentalmente hice, y sobre la que versó lo que pensé.
En ti Señor esperamos, no nos cofundas en la eternidad. Pensando y concentrando mi atención en está frase reflexioné sobre como la esperanza por antonomasia es la esperanza en otra vida más allá de la muerte, y fue por eso que me turbé.
Suele suceder que en esta vida se pueden tener muchas malas experiencias, vivir situaciones difíciles, esperanzas fallidas, y sin embargo todas esas circunstancias por la que se puede pasar son capaces de sobrellevarse cuando uno derriba ese peso, o esos pesos, con la esperanza de un mejor futuro. Sin embargo dentro de la vida del ser humano hay un evento cuya certeza, —quizá la mayor de las certezas que tendremos en esta existencia— es capaz de disolver cualquier otra esperanza: la muerte. Ese fatídico evento que en algún momento nos alcanzará, es un suceso que por eminencia es capaz de desarticular el horizonte de sentido en la vida del hombre. La esperanza en la vida más allá de la muerte es la única actitud capaz de corroer esa nulidad de sentido. En el cristianismo y en otras religiones es una cuestión de fe poseer tal esperanza.
Este pensamiento, más bien intuición (la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte), que no está del todo justificado, me hizo adentrarme en el significado y la razón de la esperanza.
Lo primero que consideré cuando pensaba sobre esto fue la propia noción de esperanza. La esperanza es una realidad fundada en la relación del hombre con su futuro. Es decir la esperanza existe porque los hombres estamos inmersos en el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Nuestra realidad de seres yectos en el tiempo, nos condiciona a proyectarnos, es decir no somos lo que somos, sino que estamos en un desenvolvimento con una dirección frontal. Ser en el hombre es una cosa que se alcanza y no. Somos de una manera, pero tal vez seremos de otra. Alcanzamos continuamente una distinta situación en nuestro propio ser. Ya los existencialistas miraban en la esencia más íntima del hombre la de poder-ser. La posibilidad en el ser humano es una realidad compleja, estamos inmersos en una persecución continua de ser a la que no damos alcance. Esta tensión íntima de nuestro ser nos revela con luz la noción de futuro, lo que no se es, pero se será.
El carácter existencial de futuro en nuestro ser envuelve toda nuestra condición humana. Dentro de la amplitud de determinaciones que genera en el hombre la futurabilidad hay un lugar donde se alberga de manera nuclear en lo referente a nuestro comportamiento y determinación de sentido: este lugar es la conciencia. El comportamiento humano se determina por ese ser consciente del despliegue de nuestro ser y por tanto de la tensión que existe hacia lo que será. La combinación de este carácter con el despliegue emocional de nuestra existencia tiene un juego muy específico: continuamente nos encontramos en un mirar al futuro. La creación imaginativa que hace la conciencia del futuro traducida en un objeto de valor es lo que estructura antropológicamente la esperanza. Cuando el bien —valor deseado— presente se encuentra ausente para la conciencia, somos capaces de ubicarlo en una posibilidad, esta posibilidad se hila a través de la imaginación, y es cuando decimos que tenemos esperanza[1].
La posibilidad de ver un bien futuro, de ubicar un bien futuro, permite, sobrellevar la tortuosidad, que en algunos casos puede llegar a ser la existencia. El control de esta cualidad, poder proyectar bienes futuros, es determinante para una buena calidad de vida[2].
La vida humana se caracteriza determinantemente por nuestra capacidad de esperar. En este caminar por la existencia, como decíamos, en el que en muchos momentos nos encontramos en situaciones complejas, la esperanza es la luz a través de la cual miramos al futuro cuando en alguna ocasión se ha cernido la oscuridad en nuestro andar; la esperanza como dice Goethe es la segunda alma del desdichado. El que espera tiene oxígeno para sobrellevar las circunstancias que pudieran amargar el espíritu.
Caracterizada de manera, más o menos clara la esperanza —eso espero— podemos adentrarnos en la intuición que movió esta entrada: la esperanza por antonomasia es esperar la vida después de la muerte.
La certeza tan absoluta que es la muerte, irónicamente, lleva consigo una falta de certeza: que hay después de ella ¿De qué ha servido ser feliz o ser infeliz, si no sabemos que sigue? Para el ser humano, por más superficial que sea, es una cuestión que tarde o temprano le alcanzará.[3]
El fenómeno de la muerte es el hecho futuro más real al que pueda acceder el ser humano. Cualquier otra certeza que el ser humano pueda tener es incomparable ante la realidad de la muerte: vamos a morir es imposible que no suceda. El hecho de nuestra mortalidad es incuestionable. Y por tanto es un hecho digno de ser reflexionando. En ese sentido es inevitable cuestionarnos la relación de la esperanza y la muerte. Si el ser humano se caracteriza por ser un ser capaz de mirar al bien futuro, se ha de confrontar con la muerte, pues la muerte irrumpe de manera trágica en el futuro. Mucho se ha hablado de la muerte como castigo al pecado original, y vaya que definitivamente lo puede llegar a ser, la muerte se introduce como la desconexión de sentido, como fin insoslayable para el que sabe y es conciente de que vive.
Es por este carácter tan terrible de la muerte, que la esperanza de la vida después de la muerte puede constituirse en la esperanza por antonomasia. El desconocimiento de lo que sucederá después de la muerte a pesar de la ausencia de sentido que puede generar también abre la puerta a la esperanza. En palabras de Maeterlinck: la desesperanza está fundada en lo que sabemos, que es nada, y la esperanza sobre lo que ignoramos, que es todo.
Curiosamente la muerte, se constituye en ese todo del que se puede esperar, pues tenemos una ignorancia absoluta respecto de lo que sucederá. Esta esperanza se comprueba con facilidad en un suicida. Curiosamente quien más puede detestar de esta vida o quien más rápido quiere abandonarla, como son estos individuos, suelen ser inconscientemente los más esperanzados en el estado posterior a la muerte, pues al quitarse la vida actual esperan terminar con el suplicio que la vida actual les con lleva.
Por terrible (o positiva) que haya sido nuestra existencia se sabe que el camino tiene un fin. No sabemos a dónde nos lleve. Por más escépticos, ateos, agnósticos que seamos al respecto de lo que siga al fin, existe en el corazón del hombre la esperanza, conciente e inconciente, de que esa incertidumbre tenga un buen fin
In te, Domine, speravi: non confundar in aeternum.
[1] Aristóteles caracteriza la esperanza de una manera muy sencilla: “La esperanza es el sueño del hombre despierto.”
[2] La correcta consideración de objetos en nuestra conciencia (futuros, actuales y pasados), es lo que nos lleva al equilibrio existencial. Hay distintos vicios en la consideración de los objetos y experiencias, sin embargo considerar esto nos llevaría a perder la atención de la consideración principal de esta entrada
[3] Alcanzar en este sentido se entiende no refiriéndose a una sola cuestión especulativa sino existencial.
lunes, agosto 13, 2007
Femme et beauté
Una mirada a la belleza femenina a través del cine y el arte, acompañadas del preludio y sarabanda de la Suite no.1 para cello de Bach. Espero lo disfruten
jueves, julio 19, 2007
viernes, junio 22, 2007
Más Balthasar
No pude no compartir este texto:
"...la distancia que es irrenunciable en el amor: "En el amor verdadero, los que se aman no están pegados el uno al otro, sino que se tienen la distancia que es necesaria para verse por completo el uno al otro y encontrarse". Cada uno deja al otro el "tiempo" y el "espacio" para preparar y presentar sus deseos o "preparar sus regalos". Sin esa distancia personal en la circumincessio de las personas no sería inteligible ni la distancia entre la criatura y Dios, ni la lejanía económica del Hijo respecto del Padre (hasta el abandono)"
"...la distancia que es irrenunciable en el amor: "En el amor verdadero, los que se aman no están pegados el uno al otro, sino que se tienen la distancia que es necesaria para verse por completo el uno al otro y encontrarse". Cada uno deja al otro el "tiempo" y el "espacio" para preparar y presentar sus deseos o "preparar sus regalos". Sin esa distancia personal en la circumincessio de las personas no sería inteligible ni la distancia entre la criatura y Dios, ni la lejanía económica del Hijo respecto del Padre (hasta el abandono)"
(BALTHASAR, Hans Urs von, Teodramática. Vol V, El último acto, Madrid 1997, 96).
martes, junio 12, 2007
De profundis

¿Puede transformarse la naturaleza humana completamente? ¿El hombre, creado bueno por Dios, puede ser convertido en malo por el hombre? ¿Puede el alma ser rehecha enteramente por el destino, y volverse mala si es malo el destino? ¿Puede el corazón deformarse y contraer dolencias incurables bajo la presión de una desgracia desproporcionada, como la columna vertebral bajo una bóveda demasiado baja? ¿No hay en cualquier alma humana, no había en la de Jean Valjean en particular, una chispa primitiva, un elemento divino, incorruptible en este mundo, inmortal en el otro, que el bien pueda desarrollar, fortalecer, purificar y hacer brillar esplendorosamente, y que el mal nunca pueda apagar?
(Los miserables, I, 2, 7)
lunes, abril 30, 2007
Valor sin valor
Hace algunos días leí esta frase, me llamó la atención:
"El amor es lo único a que debemos aspirar; de ahí que en caso hay que preferir aquella obra en que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso, si hacemos lo primero con más amor que lo segundo".
(BALTHASAR, Hans Urs von, Teresa de Lisieux. Historia de una misión, Barcelona 1964, 257).
"El amor es lo único a que debemos aspirar; de ahí que en caso hay que preferir aquella obra en que ponemos más amor, sea fácil o difícil. Es preferible hacer algo de suyo indiferente que no algo en sí valioso, si hacemos lo primero con más amor que lo segundo".
(BALTHASAR, Hans Urs von, Teresa de Lisieux. Historia de una misión, Barcelona 1964, 257).
martes, abril 17, 2007
miércoles, marzo 21, 2007
Solitario y valiente en medio de una ruda realidad

El día de hoy terminé de leer las cartas de Rilke a un joven poeta. Sí, yo, leyendo a Rilke. Tengo que confesar que me costó un poco su lectura pues, como poeta que es, las abundantes descripciones que hace para explicarse me suelen ser algo eternas --eso no quiere decir que no me parezcan bellas-- pero siendo tan pragmático como puedo llegar a ser al leer literatura, me ha costado terminarlas. Bueno no importa, que más da.
Hay un tema que Rilke trata en estas cartas y que me parece interesante considerar: el tema de la soledad y su relación con la creación artística. No podré hacer un análisis concienzudo de lo que he entendido exactamente en esta relación, pues tampoco hice una lectura tan crítica como para poder hacerme un juicio muy exacto y lo suficientemente concatenado, además de que las leí de manera demasiado discontinua. Es más quizá lo que describa aquí no tiene nada que ver con Rilke, y resulta ser solo una excusa para que yo proceda a una propia interpretación de un detalle de lo real (que bueno que sea mi blog, y puedo hacer lo que yo quiera).
Saber ser solitarios es condición de posibilidad para entender la realidad y por tanto de poder expresar a través del arte lo que hay de vasto en la impresión que la realidad genera en mí. Saber de la soledad y entender la soledad es fuente para la contemplación. El artista que sabe de la soledad, como momento de meditación y de atención mantenida, es capaz de madurar un sentimiento lo suficientemente rico, capaz de poder generar una expresión artística. La prisa, la inestabilidad, la algarabia, el ruidero, la falta de contemplación y meditación son factores ajenos a lo que debe ser la expresión verdaderamente artística. La pura espontaneidad motivada por sentimientos epidérmicos es incapaz de mostrar el detalle y la profundidad que debe tener el artista al expresarse. Es mantenida y paciente soledad la que permite el despligue pausado de las formas que se expresan en nuestro interior.
Curioso que la ponderación instalada en el tiempo sea un fenómeno natural que genere las mejores cosas. Se puede observar en los vinos. Mientras más añejos mejores, más logrados sus sabores. El artista debe proceder a la introspección paciente y madurada para ahí poder desenmascarar aquello que es verdaderamente lúcido y rico en su interior; y así estar en posibilidad derramarlo a través de su genio.
¡Oh paciencia! (aquí es dónde me gustaría escribir en griego y poner un vocativo) conocer el ritmo natural de las cosas, difícil virtud pero indispensable en la madurez de todo orden, pues si la madurez es entender la realidad y adentrarse en los designios que dicta ésta, la paciencia resulta ser hermana de la madurez, ya que la realidad no es estática sino rítmica y la paciencia es saber acompañar los ritmos.
martes, marzo 06, 2007
Adivina quien lo dijo
"Aun por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. En esta determinación del individuo, que encuentra en la conciencia la instancia suprema y última, libre en último término frente a las pretensiones de cualquier comunidad externa, incluida la Iglesia oficial, se halla a la vez el antídoto de cualquier totalitarismo en ciernes y la verdadera obediencia eclesial se zafa de cualquier tentación totalitaria, que no podría aceptar, enfrentada con su voluntad de poder, esa clase de vinculación última."
viernes, febrero 16, 2007
Oradores
Ayer en la presentación de libro de Rodrigo Guerra "Como un gran movimiento" tuve oportunidad de realizar varias reflexiones. Una de ellas fue que a pesar de que Carlos A., uno de los presentadores del libro, siempre me ha parecido un tipo de ultraderechas y que por tal razón todo tipo de discurso que genere me hubiera parecido desacreditado, he de reconocer que realmente es un fantástico orador.
Que importante es que la gente tenga convicciones, pensaba cuando le oía hablar; mientras más arraigadas las convicciones más atractivos resultan los discursos de aquel que las posee. Esta pequeña experiencia me hizo meditar en como grandes pueblos han sido capaces de seguir a grandes locos; cuando hay gente con convicciones tan arraigadas y tan firmes, arrastran de una manera increíble.
Es un fenómeno curioso como cuando alguien están seguro de su discurso, se vuelve tan atrayente. La elocuencia tan ágil, tan rica, tan fuerte, engendra la convicción en el oyente -por lo menos emocionalmente- que aquel a quien se escucha es una persona digna de ser creída.
Las masas que por lo regular son de inteligencia media resultan ser blanco fácil para este tipo de seres ¿Por qué? Porque la masa es emocional. Y las emociones son el mejor modo para poder llegar a controlarlar al que mucho siente y poco piensa.
Que importante es que la gente tenga convicciones, pensaba cuando le oía hablar; mientras más arraigadas las convicciones más atractivos resultan los discursos de aquel que las posee. Esta pequeña experiencia me hizo meditar en como grandes pueblos han sido capaces de seguir a grandes locos; cuando hay gente con convicciones tan arraigadas y tan firmes, arrastran de una manera increíble.
Es un fenómeno curioso como cuando alguien están seguro de su discurso, se vuelve tan atrayente. La elocuencia tan ágil, tan rica, tan fuerte, engendra la convicción en el oyente -por lo menos emocionalmente- que aquel a quien se escucha es una persona digna de ser creída.
Las masas que por lo regular son de inteligencia media resultan ser blanco fácil para este tipo de seres ¿Por qué? Porque la masa es emocional. Y las emociones son el mejor modo para poder llegar a controlarlar al que mucho siente y poco piensa.
lunes, enero 15, 2007
24hrs
Después de un análisis concienzudo de 24 horas y otros días más de reflexión, me atrevo a decir que Jack Bauer es la hipóstasis de la epikeia.
lunes, enero 08, 2007
Entropía
Pues me es grato contarles, estimados lectores de este blog, que el 7 de enero del año en curso fue publicado uno de los post de este blog en una revista que se llama Entropía. El nombre de dicho post es Apprivoiser v.s Anágke, y fue publicado en un número de esa revista con motivo de los 100 años del Principito.
jueves, diciembre 14, 2006
Globos de Oro
Hoy que revisaba, como todos los días, los periódicos por la mañana, tuve la grata sorpresa de ver que dos de las tres películas que les recomendaba en el post pasado están nominadas para recibir algún globo de oro (Babel y el Laberinto del Fauno). Estas nominaciones me motivaron a escribir algún pequeño comentario de aspectos de las películas que más disfruté.
En general, creo que lo que más llamativo de ellas es la gran capacidad que tienen los directores de llevarte al mood que prepararon para cada film. La resaca de sentimientos que provocan estas obras cinematográficas son sensacionales; las dos poseen una quasi-perfecta estructura trágica (sentido y pasos de la tragedia griega)
De la película de Del Toro quiero destacar de manera especial el final de la película. La pequeña Ofelia, protagonista principal de la película, consigue llevar a fin la historia en la que se ha involucrado. Los rojos llevan la suya adelante ¿cuál es más real?
De Babel, muchas cosas se podrían decir, sin embargo la historia más impactante es la de la Japonesa ¿Habrá peor desesperación que el sentimiento de no sentirse aceptado-recibido por alguien? ¿Será más grave aquella incomunicación de la intimidad que la incomunicación de un sordo mudo?
En general, creo que lo que más llamativo de ellas es la gran capacidad que tienen los directores de llevarte al mood que prepararon para cada film. La resaca de sentimientos que provocan estas obras cinematográficas son sensacionales; las dos poseen una quasi-perfecta estructura trágica (sentido y pasos de la tragedia griega)
De la película de Del Toro quiero destacar de manera especial el final de la película. La pequeña Ofelia, protagonista principal de la película, consigue llevar a fin la historia en la que se ha involucrado. Los rojos llevan la suya adelante ¿cuál es más real?
De Babel, muchas cosas se podrían decir, sin embargo la historia más impactante es la de la Japonesa ¿Habrá peor desesperación que el sentimiento de no sentirse aceptado-recibido por alguien? ¿Será más grave aquella incomunicación de la intimidad que la incomunicación de un sordo mudo?
martes, noviembre 21, 2006
Buen cine
Durante estas semanas he visto las siguiente películas que les quiero recomendar ampliamente:
Så sam i himmelen
(Así en la tierra como en el cielo)
Dirigida por Kay Pollak
Suecia
Babel
Dirigida por Alejandro González Iñarritu
México
El labertino del Fauno
Dirgida por Guillermo del Toro
México
Så sam i himmelen
(Así en la tierra como en el cielo)
Dirigida por Kay Pollak
Suecia
Babel
Dirigida por Alejandro González Iñarritu
México
El labertino del Fauno
Dirgida por Guillermo del Toro
México
domingo, noviembre 05, 2006
Para los casados con paradigmas
"¡Abajo el estilo! ¿Acaso Dios tiene estilo?"
Pablo Picasso en una conversación con André Malraux
domingo, octubre 01, 2006
Virtusismo del s. XIX
Me gustaría presentarles dos ejemplos de piezas que desarrolló el virtuosismo del s. XIX. Se trata de dos interpretaciones de dos de los artistas más brillantes en lo que se refiere a la composición y ejecución de piezas.
El primer compositor es Nicolo Paganini famoso por su dominio del violín.
La pieza es la interpretación de la campanella "Concierto para violín en si menor” de Nicolo Paganini en una adaptación para solo de violín.
El siguiente compositor es Franz Liszt. Este autor muestra el mismo virtuisismo de Paganini, pero en el piano.
Esta es la traducción de la campanella de Nicolo Paganini por Franz Liszt, estudio 3
El primer compositor es Nicolo Paganini famoso por su dominio del violín.
La pieza es la interpretación de la campanella "Concierto para violín en si menor” de Nicolo Paganini en una adaptación para solo de violín.
El siguiente compositor es Franz Liszt. Este autor muestra el mismo virtuisismo de Paganini, pero en el piano.
Esta es la traducción de la campanella de Nicolo Paganini por Franz Liszt, estudio 3
viernes, septiembre 22, 2006
Buscador de Sosias
Hace algunos días me mandaron esta liga. Es un auténtico buscador de sosias. La verdad, en lo personal, no me parece tan preciso en muchos de lo casos en que le probé. Juzguen ustedes mismos.
http://www.myheritage.com/FP/Company/tryFaceRecognition.php
http://www.myheritage.com/FP/Company/tryFaceRecognition.php
jueves, agosto 31, 2006
Bruno Forte says
Esta es la respuesta que Bruno Forte da, a través de la poesía, al problema que sugeríamos en el post anterior; surgido de textos de Tomás de Aquino.
Paja:
accidental,
caduco se muestra el lenguaje,
frágil revestimiento
para evocar el abismo,
cruzado por palabras
que apenas dan cuenta
de la escondida fuente
del decir.
Como las semillas de trigo
de los campos soleados,
de las espigas maduras,
se deshacen
en premisas de panes sabrosos,
se diluyen
en nutrientes harinas,
así también las frases
quemadas por los soles
del decir maduro,
se explican
en rápidas cifras,
premisa de sabrosos silencios,
ordanándose
en alternativas diluidas
de esperas,
de escuchas... Escucha:
desde silencios profundísimos
procede la palabra
en tenue pronunciación
de sílabas cadenciosas
hacia nuevos silencios
preñados de vida.
Escucha:
germina desde el silencio
la palabra fecunda,
morada de los vivientes.
En silencio
escucha
la Palabra.
Escucha... El tiempo
de trilla ha llegado,
la paja ya es
separada de las semillas:
ya no es posible
trazar
figuras de voces.
Es victoria
rendirse ante el silencio:
el Asaltante nocturno
vence en el vado
de nuestro elocuente
callar.
"¡Reginaldo, no puedo!"
Paja:
accidental,
caduco se muestra el lenguaje,
frágil revestimiento
para evocar el abismo,
cruzado por palabras
que apenas dan cuenta
de la escondida fuente
del decir.
Como las semillas de trigo
de los campos soleados,
de las espigas maduras,
se deshacen
en premisas de panes sabrosos,
se diluyen
en nutrientes harinas,
así también las frases
quemadas por los soles
del decir maduro,
se explican
en rápidas cifras,
premisa de sabrosos silencios,
ordanándose
en alternativas diluidas
de esperas,
de escuchas... Escucha:
desde silencios profundísimos
procede la palabra
en tenue pronunciación
de sílabas cadenciosas
hacia nuevos silencios
preñados de vida.
Escucha:
germina desde el silencio
la palabra fecunda,
morada de los vivientes.
En silencio
escucha
la Palabra.
Escucha... El tiempo
de trilla ha llegado,
la paja ya es
separada de las semillas:
ya no es posible
trazar
figuras de voces.
Es victoria
rendirse ante el silencio:
el Asaltante nocturno
vence en el vado
de nuestro elocuente
callar.
"¡Reginaldo, no puedo!"
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